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Reglas constructivas en software: el conocimiento del dueño, escrito

Por , desarrollador de cotizadores 3D

Galpón con zócalo de ladrillo visto colorado, pilastras, chapa negra y portón corredizo abierto, en 3D
Ladrillo visto hasta 2,2 m con chapa negra arriba y el portón abierto del todo.

En resumen: Pasar el conocimiento del dueño a reglas constructivas significa escribir qué medidas, opciones y combinaciones admite un producto y qué piezas resultan de cada elección, para que un software cotice y dibuje a medida sin que el dueño intervenga en cada caso.

En muchas fábricas hay una persona, casi siempre el dueño, que es la única que sabe cotizar un tinglado con ladrillo y chapa. No porque sea un secreto, sino porque nunca hizo falta escribirlo. Pasar ese conocimiento a reglas es justamente escribirlo de una forma que un software pueda usar: qué medidas acepta el producto, qué opciones combinan, qué piezas salen de cada decisión. Bien hecho, no le quita lo a medida al producto; lo hace repetible.

¿Qué es una regla constructiva?

Es una frase del tipo "si pasa esto, entonces el producto lleva aquello", con números. Algunos ejemplos de un galpón metálico:

  • La separación entre pórticos va de 3 a 9 m; el largo se divide en tramos iguales dentro de ese rango.
  • Con luces grandes se usa pórtico reticulado; con luces chicas puede ir de alma llena.
  • La cantidad de correas depende del largo del faldón y de la separación entre ellas.
  • Si el cerramiento es ladrillo + chapa, hay un muro hasta cierta altura y chapa por encima, con su encuentro.
  • Un portón corredizo necesita un vano libre entre columnas y su guía superior.

Ninguna de esas frases es nueva para el dueño. La diferencia es que hoy viven en su cabeza, o repartidas entre él, el dibujante y el jefe de taller, y nadie las tiene juntas.

Cómo se ve el problema cuando no están escritas

Pensá en una metalúrgica de Córdoba que vende galpones y tinglados al campo. El dueño cotiza bien: mira la luz, piensa el pórtico, calcula a ojo de experiencia los kilos de acero, suma la chapa y el montaje. Tarda, pero acierta.

Ahora esa fábrica quiere que un vendedor cotice en una exposición rural, o que el sitio web reciba consultas con la configuración armada. No se puede, porque el conocimiento no está en ningún lado donde otro lo pueda usar. Cada presupuesto vuelve al dueño. Eso es lo que en vendedores que cotizan solos llamo el cuello de botella del dueño.

¿Estandarizar no es dejar de hacer a medida?

Es el miedo más habitual, y vale la pena desarmarlo. Estandarizar no significa tener tres modelos fijos. Significa estandarizar las reglas, no los resultados.

Un galpón puede tener cualquier luz entre 6 y 40 m y cualquier largo entre 6 y 90 m. Eso da miles de combinaciones distintas, todas a medida. Lo que se estandariza es cómo se resuelve cada una: con qué criterio se elige el pórtico, cómo se reparten las correas, qué terminación lleva cada cerramiento. El cliente sigue recibiendo su galpón; la fábrica deja de reinventar el criterio cada vez.

Así trabaja el motor de Estructuras 3D. Nada se modela a mano: cada pieza (pórticos, correas, chapas, muros, boxes) se genera desde reglas. Si cambiás una medida, el resto se recalcula y no se rompe. Lo explico más técnico en render paramétrico.

Cómo se pasa el conocimiento a reglas, paso a paso

En los proyectos que hago, esta etapa se trabaja directamente con la fábrica. Un orden que funciona:

  1. Juntar presupuestos reales. Diez o veinte presupuestos ya hechos, de distintos tamaños y variantes. Son la mejor fuente porque muestran cómo se cotiza de verdad, no cómo se cree que se cotiza.
  2. Listar las variables. ¿Qué decide el cliente? Medidas, tipo de techo, cerramiento, aberturas, terminaciones. Todo lo que cambia el precio o la forma.
  3. Escribir los rangos. Mínimos, máximos y pasos. Si una pendiente va de 5 a 35 %, se escribe así.
  4. Escribir las dependencias. Qué arrastra cada elección, qué excluye, qué cambia en la estructura.
  5. Separar las excepciones. Hay pedidos que no entran en ninguna regla y está bien. Se marcan como "consultar" en vez de forzarlos.
  6. Probar contra lo real. Se cargan los presupuestos viejos en el sistema y se compara. Si el número difiere, falta una regla o hay una mal escrita.

El paso 6 es el que más enseña. Casi siempre aparece algo que el dueño hacía sin darse cuenta: "ah, cuando el galpón pasa de cierto largo le pongo una cruz de San Andrés más". Esa frase vale oro, y antes no estaba escrita.

¿Qué queda afuera de las reglas?

No todo tiene que ser automático. Hay tres tipos de casos que conviene dejar fuera:

  • Lo que requiere ingeniería. Una luz fuera de lo habitual, una carga especial, un suelo complicado. La regla puede detectarlo y derivarlo.
  • Lo que se vende poco. Si una variante sale una vez por año, quizás no vale la pena modelarla. Se cotiza aparte.
  • Las decisiones comerciales. El descuento para un cliente grande o el precio de lanzamiento. Eso lo decide una persona; el sistema le da el marco.

Una buena regla también sabe decir "esto no lo resuelvo yo". Eso evita los errores de presupuesto más caros, que suelen venir de forzar una combinación que no se puede construir.

Lo que gana la fábrica, más allá de cotizar

Una vez escritas, las reglas sirven para más que el precio:

  • Para mostrar. El mismo conjunto de reglas dibuja el producto en 3D. No hace falta un renderista para cada variante.
  • Para producir. De la configuración salen cantidades: kilos de perfil, metros de chapa, cantidad de correas. Es la base para que lo vendido llegue al taller sin reinterpretarse.
  • Para enseñar. Un vendedor o un técnico nuevo aprende el producto usando la herramienta.
  • Para crecer. Si la fábrica suma un producto (cocheras, quinchos, módulos), se describen sus piezas y sus reglas sobre el mismo motor.

El caso de un rubro chico y muy específico

Cuando desarrollé el cotizador de EQUIBOX, una fábrica de boxes y caballerizas, el trabajo arrancó por ahí: qué tamaños de box existen, cómo se agrupan (en hilera, espalda con espalda, enfrentados, en L o en U), dónde van los cuartos y montureros, qué paredes y puertas admite cada modelo. Con eso definido, el 3D y el precio salen de la misma fuente. La geometría de ese trabajo es la que hoy usa el configurador de boxes equinos del sitio, que podés probar.

Facundo Campo trabaja así en cada desarrollo de cotizador 3D: primero las reglas de tu producto, después la pantalla. Si querés empezar a escribir las de tu fábrica, escribime por WhatsApp al +54 9 11 6193-3176 o a facundocampo100@gmail.com, y si tenés presupuestos viejos a mano, mejor.

Preguntas frecuentes

¿Hace falta saber programar para escribir las reglas del producto?

No. Las reglas se escriben en el idioma de la fábrica: medidas, rangos, qué lleva cada opción. Traducirlas a software es trabajo del desarrollador; lo que aporta la fábrica es el conocimiento y los presupuestos reales para probarlas.

¿Cuánto tiempo lleva relevar las reglas de un producto?

Depende de cuántas variables tenga el producto y de qué tan ordenada esté la información. Un producto con pocas opciones se releva rápido; uno con muchas combinaciones lleva más idas y vueltas. Se estima por proyecto.

¿Qué pasa cuando cambia una regla, por ejemplo un nuevo tipo de cerramiento?

Se agrega al sistema como una opción más, con sus piezas y sus dependencias. Como todo se genera desde reglas, el resto del producto no hay que rehacerlo.

¿Estandarizar no hace que todos los productos se parezcan?

No, porque se estandariza el criterio y no el resultado. Un galpón puede tener cualquier medida dentro de los rangos de la fábrica; lo que se repite es cómo se resuelve cada medida.

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